
Hoy toca regresar hacia Shashamene, pero antes tenemos que recoger y preparar las bolsas lo que demora un poco más la salida. Desayunamos y a las 8.45 ya estamos en ruta. Desandamos el camino que hicimos hace dos días y vamos disfrutando del paisaje, de la vida en el campo, del ir y venir de la gente por los caminos y del barullo de alguno de los pueblos por los que atravesamos. Tardamos casi 5 horas para hacer 150 kilómetros hasta Shashamene en donde para

mos a comer, antes de continuar hasta el lago Langano en donde nos alojaremos en el hotel Bekele Mola a orillas del mismo. Aquí nos despedimos de nuestros compañeros de viaje hasta hoy – Masfen, Brahano y Huasan – pues desde aquí la carretera es asfaltada y no necesitemos 4X4, solamente una minivan. Las despedidas son siempre tristes después de tantos días de convivencia y además Huasan lleva unos días con fiebre y nos tememos que tenga

malaria; nos hacemos unas fotos de recuerdo, nos abra
zamos, intercambiamos correos y ellos continúan con intención de llegar hoy a Addis – después nos enteraremos que han tenido que parar, pues Huasan empeoró y no pudo seguir -. El hotel se encuentra en un lugar increíble, pero un tanto descuidado y además están pintando las habitaciones y huelen demasiado a pintura, pero como lugar de relax no está nada mal. A la izquierda del hotel, hay una gran meseta a la que se puede subir y le digo a Tedy que si me quiere

acompañar; comenzamos a andar y al momento tenemos que salvar un desnivel bastante grande, así que con mucho cuidado vamos trepando hasta llegar a lo alto, desde donde podemos contemplar unas vistas espectaculares; curiosamente nada más llegar a la
cima resoplando por el esfuerzo, giro la cabeza y observo como detrás de nosotros suben tres señoras - con chanclas - una de ellas con un gran fardo sobre la cabeza y las otras con dos niños en los brazos que se dirigen a una aldea próxima. Cuando estamos sentados recuperando el aliento y observando el panorama, s

e nos acercan unos chavales que intercambian unas palabras con Tedy, para decirle que no debemos bajar por donde hemos subido, sino que hay otro camino más fácil y acto seguido se pone delante y nos va indicando por donde ir pisando; justo cuando ya nos encontramos casi a orillas del lago una gran tormenta descarga un verdadero diluvio lo que nos obliga a correr para refugiarnos en un chalet abandonado en un lugar idílico.
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