Ya estoy de vuelta de mi viaje por Rumania y lo primero que quiero dejar claro después de recorrer más de dos mil kilómetros por diferentes regiones, es que los rumanos son buena gente; amables, simpáticos, atentos y siempre dispuestos a ayudarte. Creo que de una vez por todas hay que quitarse la venda de los ojos y dejar de decir que los rumanos que han llegado a España “A trabajar” son mala gente, que solamente se dedican a robar y a hacer daño; evidentemente en todas las comunidades existe gente buena y gente mala, pero el número de personas que llegan a nuestro país con la sana intención de trabajar duro y de ganarse la vida dignamente es muy superior a ese otro minúsculo grupo de personas que llega con la intención de delinquir, y esto según muchos
rumanos con los que he tenido la oportunidad de charlar durante todos estos días les está haciendo mucho daño y ellos son conscientes de ello. Dicho esto, creo que Rumania es un país que merece la pena visitar por muchas razones; es un lugar que se encuentra solamente a tres horas y media de vuelo de Madrid, es relativamente barato, cuenta con paisajes espectaculares, estaciones de esquí, iglesias de madera, monasterios con unas pinturas exteriores únicas, iglesias fortificadas, castillos, y ciudades muy bellas como Sibiu, Brasov o Siguisoara. Además, quizás el segundo idioma más hablado después del rumano es el castellano, ya que por una parte hay gran cantidad de rumanos que han trabajado o trabajan en España y que hablan perfectamente nuestro idioma y por otra parte hay mucha gente de ver en TV las telenovelas sudamericanas
entienden el castellano e inclusive algunos también lo chapurrean. Por poner algún pero, pues todo no podía ser perfecto, tengo que decir que las carreteras no son buenas, que conducen muy mal y por lo tanto hay que ir con mil ojos y que los ríos arrastran gran cantidad de plásticos, quizás debido a que el sistema de reciclaje todavía es el del vertedero al aire libre.
A lo largo de sucesivas entradas y fotografías os iré mostrando las diferentes zonas que he recorrido, ya que los circuitos habituales suelen visitar solamente el triángulo Bucarest-Brasov-Sibiu. Yo he intentado ampliar un poco más viajando desde Bucarest hacia Ramnicu Valcea ( para ver los monasterios del valle de Old), después a la frontera con Ukrania, a los denominados Maramures en donde se localizan las iglesias de madera mas bonitas ( Surdesti, Budesti, Rozalea, Sagatag, Struntura, Bogdan Voda, Ieud) y el cementerio feliz de Sapanta; desplazarme hacia Bucovina y
poder disfrutar de la mayor concentración de monasterios decorados con pinturas del mundo; su importancia artística e histórica ha llevado a la UNESCO a incluir a algunos de ellos ( Moldovida, Sucevita, Arboré, Humor y Voronet) como Patrimonio de la Humanidad. Atravesar las gargantas de Bicaz que a lo largo de 10 kilómetros asciende entre rocas calcáreas de entre 300 y 400 metros de altura hasta llegar al lago Rosu (completamente helado) y comenzar a descender entre paisajes de montaña hasta la localidad minera de Praid (minas de sal). También haré una incursión en la zona de Neamt y sus monasterios (Neamt, Secu, Sihastria y Shila) y cerrar el circuito en la bonita Brasov y sus alrededores como el castillo de Bran, y el de Rasnov ; las
iglesias fortificadas de Prejmer y Harman y los pueblecitos de Cristian, Vulcan y Codlea. Quizás para mí, la gran decepción del viaje ha sido no poder recorrer la carretera denominada Transfagarasan que partiendo de Curtea de Argés recorre unos paisajes impresionantes pero que se encontraba cortada por un desprendimiento de tierra. Este ha sido mi viaje y tengo que confesar que ha estado a la altura de mis expectativas. También quiero agradecer a mis compañeros de viaje, en primer lugar a mi mujer Encarna su magnífica interpretación de los mapas para llegar a los lugares sin pestañear (cosa nada fácil) y su paciencia, y a Lorenzo y Elisa su colaboración, su talante y su saber estar para poder disfrutar cada momento de este viaje.