






Descargamos los trastos, tomamos posesión de nuestra suite, duchita y cervecita fría mientras nuestro cocinero nos prepara la cena.
Ahora que España acaba de ganar el campeonato del mundo de fútbol celebrado en Sudáfrica me viene a la memoria una anécdota curiosa que me sucedió en territorio de los konso , que tiene que ver con la selección española y que paso a contaros: Cuando fuimos a recoger al guía al recinto del Konso Edget hotel,- que por cierto tiene un gran patio e inclusive Internet- y esperábamos a que viniera, estuve dando una vuelta por el exterior, observando el ir y venir de la gente y de paso haciendo algunas fotos; cuando regresaba al hotel, justo en la puerta, me
di de frente con un chaval de color que llevaba puesta una camiseta de la selección española, lo que me llamó poderosamente la atención- ya que no es habitual ver en Etiopía a nadie con nuestra camiseta- y no pude por menos que preguntarle el motivo; me contestó en un castellano con acento asturiano que era un fan de nuestra selección, que vivía desde hacía doce años en Gijón, que trabajaba en la hostelería, que estaba encantado de España y de los españoles y que esperaba un autobús que le llevara a su ciudad natal para celebrar el Meskal con su familia; estuvimos un buen
rato charlando, hablando de la comida, de las costumbres, de lo divino, de lo humano y nos despedimos con un fuerte apretón de mano. Casualmente el día que llegamos al lago Langano coincidimos con una pareja española natural de Gijón que acababa de llegar a Etiopía –era su primer día- y cuando comenzamos a cambiar impresiones sobre lo que pensaban hacer y darles algunas ideas sobre el itinerario- pues nosotros ya regresábamos- salio a relucir el nombre de este chaval, al que lógicamente conocían y con el que habían quedado al día siguiente en Arba Minch. Estas son las casualidades de la vida.
Según la tradición oral, “Nueva York” tiene un origen sobrenatural y este sería su relato: cuenta la historia, que un buen día un jefe local al despertar vio con horror que le habían robado sus tambores; consiguió el favor de Dios y este borró de la tierra el lugar en donde los habían escondido, creándose así esta formación. Dicen que los tambores al darse cuenta de que Dios lo sabe todo, confesaron sus pecados. Incluso en la actualidad, jóvenes ladronzuelos de Konso son llevados a este lugar para recordarles que a Dios no le gustan los ladrones y para que vean lo que les puede pasar.