jueves, 11 de marzo de 2010

Excursión al lago Chamo

Por la tarde, nos desplazamos hacia el lago Chamo, pero previamente nos pasamos por la oficina de guías, pues me parece una buena iniciativa el que tengan un orden para poder visitar el lago con un guía nativo con sus correspondientes tarifas y con una lista de espera según llegan los visitantes. Llegamos al embarcadero ( bueno, quiero decir a la orilla del lago, pues embarcadero no existe) después de atravesar una barrera con una cuerda y donde nos reciben dos individuos con el kalasnikov al hombro; nos acercan la barca a la orilla, e iniciamos la excursión; este lago de 512 KM2 y una profundidad máxima de 10 metros alberga una gran población de hipopótamos y cocodrilos que llegan a medir mas de siete metros, pero además es un paraíso para los ornitólogos; pelícanos blancos, cigueñas, ibis,garzas, cormoranes, águilas, martín pescador malaquita(que preciosidad de pájaro) , etc son algunas de las aves que podemos ver. En un entorno apacible y tranquilo, surcamos las aguas del lago en dirección al lugar donde cientos de cocodrilos reposan al sol; con cierta precaución nos aproximamos para verlos de cerca y poder hacer algunas fotos; más a lo lejos vemos las cabezas de los hipopótamos que disfrutan del agua, y que tan sólo abandonan durante la noche, para pastar en sus orillas. En los alrededores de estos lagos habitan los “ganjule y los guji” que aunque dedicados a la agricultura, aún conservan antiguas tradiciones en la caza de hipopótamos, o al menos eso es lo que dicen, aunque yo no lo he podido constatar. Es significativo ver desde lo alto estos dos lagos, separados por el parque de Nechísar, con unas aguas tan diferentes, pues mientras el lago Chamo tiene las aguas claras, las del Abaya son totalmente marrones. Este tramo de tierra que separa ambos lagos es llamado “puente del paraíso” y en época de lluvias llegan a estar comunicados por multitud de canales. Aunque todas las guías hablan de la belleza del parque, que yo no pongo en duda, si es verdad que a la hora de ver animales, aparte de algunas cebras no se ve mucho más, y no se ven por ningún lugar esos grandes depredadores de los que hablan los libros y que al igual que sucede en el parque de Mago, pertenecen a tiempos pasados. Damos por terminada la excursión y regresamos al hotel para disfrutar durante el resto de la tarde del fiestorro que tienen organizado. También tengo la oportunidad de conocer al dueño de este complejo, que es un keniano que ha venido para pasar este día tan entrañable con sus trabajadores y al que comento el lugar tan agradable y tranquilo que ha montado. Como la algarabía es grande, decidimos cenar en una de las terrazas de los bungalows, un poco apartados del bullicio y con buenas vistas del entorno; ni que decir tiene, que a estas alturas del viaje todavía nos queda botiquín (lomo, chorizo, jamón, queso), así que le damos otro tiento con unas cervezas frías y en un ambiente relajado. Todavía con la música de fondo nos retiramos a dormir, pues mañana habrá que madrugar para llegar al mercado de los “hamer” en Turmi.

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