miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un faranji ante las hienas


Quizás lo primero que debo hacer antes de acercarnos al lugar en donde todas las noches se repite esta atracción turística entre las 19 y las 20 horas entre las puertas de Sangla y la de Erer, es poneros en antecedentes de la procedencia de esta costumbre. Existen varias teorías al respecto: una de ellas se remonta a finales del siglo XIX, cuando el día del año nuevo islámico los habitantes comenzaron a dejar las sobras de la comida a leones y hienas que merodeaban alrededor de la muralla; una segunda está referida a la hambruna que azotó esta zona también en el siglo XIX y que de acuerdo con esta leyenda, los habitantes de Harar alimentaban a las hienas en los buenos tiempos hasta saciarlas, para que en tiempos de sequía no atacaran ni a personas ni a animales. Esta teoría a veces no se cumple, pues se han dado casos en que estos animales se han zampado a algún borracho que cayó en la calle como consecuencia de la ingesta de alcohol. En cualquiera de los casos si uno visita Harar, tiene que acudir a la llamada de las hienas y hacia allí nos dirigimos.


Cuando llegamos, el lugar esta muy oscuro - solamente alumbrado por los faros de los coches - y tan sólo vemos a un señor sentado en un taburete, que sostiene en sus brazos a una niña y que con una lata llena de despojos a su lado imita los sonidos de estos desagradables animales para que acudan al lugar; en un primer momento no viene ninguna, pero a los pocos minutos van apareciendo unos puntos brillantes en la oscuridad, y llego a contar más de veinte; despacio, se acercan el maestro de ceremonias, que muerde un palo con los dientes y les va dando la comida a medida que acuden a su vera; poco a poco va cogiendo confianza hasta llegar a darles la comida con su propia boca; los faranji observamos perplejos el espectáculo desde la distancia y hacemos fotos pero con cuidado, pues cuando ves las mandíbulas de este animal acojona un poco.

Cuando ya tienes un poco de confianza, el maestro anima a los faranji a participar del espectáculo y yo después de un momento de incertidumbre me animo a arrimarme, pero con mucha precaución; en un primer intento coges el palo con la carne en un extremo y alargas el brazo todo lo que puedes para evitar males mayores, pero a medida que tomas confianza lo haces con toda la naturalidad delmundo; a continuación Tedy también se anima.

Después de casi una hora de circo nocturno el espectáculo concluye - en esta ocasión sin victimas- y nos vamos a cenar al restaurante Hirut. El regreso al hotel lo hacemos en un motocarro de la marca Minidor, aquí llamados “bajaj” que pueden llevar hasta 4 pasajeros y que normalmente cobran 1 birr por pax, o 2 si lo alquilas solamente para ti. Mañana visitaremos Babile, el Valle de las Maravillas y regresaremos a Dire Dawa para tomar el avión de regreso a Addis.

1 comentario:

Almudena dijo...

Madre mia, como impresionan las fotos, son geniales.



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